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Plan de Desarrollo Individual: guía para que funcione

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Hay una escena que se repite en muchas empresas: llega la evaluación anual, se abre un archivo “Plan de Desarrollo”, y de pronto aparecen metas vagas, cursos sueltos, y una lista de buenas intenciones… que no cambiaron nada.

 

Y lo peor no es el documento. Lo peor es lo que deja instalado: la sensación de que “desarrollar” es un trámite.

¿Quieres aprender de este tema más a fondo?

Micro-Training

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Ebook

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Resumen Visual

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Si lideras un equipo, sabes lo incómodo que es mirar a alguien talentoso y pensar: “Podría crecer muchísimo… pero no sé cómo acompañarlo sin inventar el camino”. Si trabajas en RR.HH., sabes el costo de que cada líder improvise: inequidad, frustración, rotación y decisiones que se defienden con frases, no con evidencia.


Un buen Plan de Desarrollo Individual (PDI) es otra cosa: es un acuerdo claro, personalizado y con seguimiento. No necesita ser largo. Necesita ser real.

¿Qué es un Plan de Desarrollo Individual y por qué importa?

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Un PDI es un mapa práctico para que una persona crezca en capacidades específicas, con pasos concretos, recursos definidos, y una línea de tiempo. No se trata de “ser mejor” en abstracto. Se trata de hacer distinto algo observable en el trabajo, de forma sostenida.

 


Lo que un PDI bien hecho le regala a cada parte

 

A la persona:
→ Claridad sobre qué se espera y qué viene después.
→ Progreso visible (no solo esfuerzo).
→ Confianza: “sé por dónde seguir”.


Al líder:
→ Conversaciones más fáciles (menos intuición, más hechos).
→ Una forma de apoyar sin caer en microgestión.
→ Evidencia de avances y obstáculos para ajustar a tiempo.


A la organización:
→ Desarrollo alineado a lo que realmente crea valor (no a modas).
→ Menos sesgos en oportunidades: el plan deja de depender de quién “se lleva mejor” con quién.
→ Mejor desempeño porque el aprendizaje se convierte en hábitos, no en promesas.

Paso 0: define el destino antes de hablar de acciones

Muchos planes fallan por una razón simple: empiezan con “qué curso tomar” sin tener claro “para qué”.

 

Antes de escribir una sola acción, necesitas responder dos preguntas:
→ ¿Qué quiere lograr esta persona en los próximos 12–24 meses (aspiración realista, no fantasía).
→ ¿Qué necesita la organización que esta persona haga mejor para mover resultados.

 

Cuando esas dos cosas se alinean, el PDI deja de ser “algo extra” y se vuelve parte del trabajo.

 

Una forma simple de aterrizar el objetivo


Define el objetivo de desarrollo como un cambio conductual o de ejecución:
→ “Mejorar la calidad de mis objetivos” (vago).
→ “Redactar objetivos con indicadores claros y nivel de desafío adecuado, validados en 48 horas con mi líder” (usable).


Ese nivel de concreción hace que el seguimiento sea posible.

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Co-creación: la regla que multiplica el compromiso

Un PDI impuesto se siente como castigo. Uno co-creado se siente como inversión.

 

La colaboración funciona mejor cuando la persona propone un primer borrador y el líder actúa como editor exigente, no como autor único:

→ La persona propone: “quiero fortalecer X porque me abre Y”.
→ El líder ajusta: “ok, ¿cómo se ve X en el trabajo? ¿qué evidencia veremos?”.
→ Ambos acuerdan: acciones, recursos, plazos y forma de medir.

 

Este enfoque sube la “propiedad” del plan, y eso importa porque la motivación no se decreta: se construye en conversaciones.

Estilos de aprendizaje: el plan no falla, falla el formato

No todos aprenden igual, y diseñar un PDI ignorando eso es como dar el mismo zapato a todo el equipo: a alguien le sirve, a otros les duele.

Marcus Buckingham plantea tres formas predominantes de aprender en adultos: analizar, hacer y observar. 

​1) Analítico: aprende entendiendo primero

El perfil analítico quiere contexto, marcos, ejemplos y lógica antes de ejecutar.

 

Acciones que suelen funcionar:
→ Lecturas guiadas con preguntas (“lee esto y trae 3 decisiones aplicables”).
→ Micro-cursos con práctica inmediata.
→ Role plays estructurados con criterios claros.

 

Señal de alerta:
→ Si lo empujas directo a “hazlo y aprende”, se frustra y se vuelve lento por inseguridad.

​​2) Práctico (Doing): aprende metiendo las manos

Este perfil aprende en el terreno, con prueba y error. Le sirve una dificultad progresiva.

 

Acciones que suelen funcionar:
→ Tareas reales en versión “pequeña” (pilotos).
→ Proyectos con entregables cortos, revisión semanal y ajustes.
→ “Hazlo, muéstralo, corrígelo, repítelo”.

 

Señal de alerta:
→ Si lo llenas de teoría, lo pierdes.

​​3) Observador (Watching): aprende viendo el flujo completo

Necesita mirar una ejecución de punta a punta para entender qué importa y qué no.

 

Acciones que suelen funcionar:
→ Shadowing con guion: qué observar, qué anotar, qué preguntar después.
→ Revisiones de casos: “¿por qué decidiste eso aquí?”.
→ Demostraciones grabadas o en vivo, con pausa y comentarios.

 

Señal de alerta:
→ Si lo lanzas solo sin haber visto el “todo”, se paraliza o copia sin criterio.

Diseño del plan: usa 70-20-10, pero con intención

La regla 70-20-10 es útil como marco: 70% experiencias desafiantes, 20% relaciones de desarrollo, 10% formación formal. 


El error típico es usarla como receta. La forma correcta es usarla como mezcla.

El 70% (experiencia) no es “trabajar más”

Es trabajar con experiencias que empujen la habilidad que quieres desarrollar.

Ejemplos de 70% bien diseñado:
→ Liderar una reunión crítica con guion y feedback posterior.
→ Tomar un proyecto “estrecho” pero visible (alcance controlado).
→ Resolver un problema real con una restricción nueva (tiempo, datos, stakeholders).

El 20% (relaciones) es donde el plan se sostiene

Sin coaching o mentoría, el aprendizaje se vuelve solitario y frágil.

Opciones concretas:
→ Mentor interno con reuniones quincenales y agenda fija.
→ “Buddy” de práctica (pares que se observan y se corrigen).
→ Coaching del líder: 20 minutos con foco, no reuniones eternas.

 El 10% (formación) debe amplificar, no reemplazar

CCL destaca que la formación puede potenciar el resto si está bien diseñada. 

 

Mejores usos del 10%:
→ Taller breve + práctica en el trabajo esa misma semana.
→ Curso específico + checklist de aplicación.
→ Simulación + retroalimentación con ejemplos.

Profundiza con un micro-training práctico (30 minutos)

Si este artículo te hizo sentido, hay algo clave que no se logra solo leyendo: ver cómo se diseña y se sigue un PDI en tiempo real.

En este micro-training gratuito trabajamos paso a paso cómo:

  • Definir un objetivo de desarrollo observable, con criterio de éxito claro

  • Diseñar acciones 70-20-10 alineadas al estilo de aprendizaje de la persona

  • Instalar una cadencia de seguimiento simple, con evidencias y ajustes mensuales

👉 Mira el micro-training aquí:

Recursos, rol y “qué significa esto para tu carrera”

Un PDI serio no se firma sin hablar de recursos y expectativas.

Recursos necesarios (y el “si no, entonces…”)

Si el plan requiere tiempo, herramientas o exposición, hay que asegurarlo.

→ Horas protegidas para practicar (si no, el plan muere en urgencias).
→ Acceso a software, datos o entornos de prueba.
→ Presupuesto para formación o certificación, si aplica.
→ Un espacio real para equivocarse sin castigo inmediato.

 

Si no hay recursos, no se “espera esfuerzo heroico”. Se rediseña.

Impacto en rol y remuneración: claridad o conflicto

Una de las fuentes más comunes de frustración es el plan que promete “crecimiento” pero nunca aclara qué cambia.

Conversa esto explícitamente:
→ ¿Este plan apunta a un ascenso, un cambio de responsabilidades o una asignación de prueba.
→ ¿Qué evidencia deberá existir para que ese cambio ocurra.
→ ¿En qué horizonte se revisará la decisión (y quién decide).

 

No por dureza. Por respeto.

Documentación y seguimiento: donde el 80% gana o pierde

Un PDI sin seguimiento es un PDF bonito.

Gallup ha mostrado que el feedback frecuente y significativo se asocia a mayor engagement; por ejemplo, reporta un porcentaje alto de engagement cuando se recibe feedback significativo en la última semana. Eso te da una pista práctica: la cadencia importa.

Cadencia recomendada (simple y sostenible)

Check-in mensual de desarrollo (30–45 min): avance, obstáculos, ajustes.
Micro check-in semanal o quincenal (10–15 min): “¿qué practicaste?, ¿qué aprendiste?, ¿qué haces distinto la próxima vez?”.
Revisión trimestral (45–60 min): decidir si el objetivo sigue igual o cambia.

El ingrediente silencioso: seguridad psicológica

Aprender implica riesgo: intentar algo nuevo, fallar, volver a intentar. La investigación de Amy Edmondson sobre seguridad psicológica y aprendizaje en equipos ayuda a entender por qué, sin un entorno seguro, la gente se queda en lo conocido. 

Traducción práctica:
→ Si castigas el error honesto, matas la experimentación.
→ Si celebras micro avances, construyes confianza para sostener el cambio.
→ Si el líder hace preguntas antes de juzgar, el aprendizaje acelera.

Tu Plan de Desarrollo murió en un PDF. Cámbialo.

Plantilla práctica de PDI (copiar y usar)

Puedes usar este formato en una hoja, un documento o una herramienta.

1) Objetivo de desarrollo (1 frase)

→ Habilidad a desarrollar + contexto + criterio de éxito.

 

2) Por qué importa (2–3 líneas)

→ Para la persona (aspiración).
→ Para el negocio (impacto).

 

3) Evidencias esperadas

→ ¿Qué veremos distinto en la práctica?.
→ ¿Qué indicadores o señales lo demostrarán?.

 

4) Acciones 70-20-10

→ 70%: 2–3 experiencias (proyectos, desafíos, entregables).
→ 20%: 1–2 relaciones (mentor, coaching, buddy).
→ 10%: 1 apoyo formal (curso, lectura, simulación).

 

5) Recursos y condiciones

→ Tiempo, herramientas, acceso, presupuesto.

 

6) Cronograma

→ Hitos por mes (máximo 3 por mes).

 

7) Seguimiento

→ Fecha y ritual (qué se revisa siempre).

Tres ejemplos (para que no quede en teoría)

Ejemplo 1 — Mejorar la calidad del feedback como líder

 

Objetivo: entregar feedback breve, específico y accionable 2 veces por semana, con foco en conductas y próximos pasos.
70%:
→ Conducir 8 conversaciones de feedback en 30 días y registrar 3 aprendizajes por conversación.
→ Practicar “antes/después”: redactar feedback, decirlo, ajustar y repetir.
20%:
→ Role play quincenal con un mentor o HRBP.
10%:
→ Micro-taller de 60 minutos sobre estructura de feedback + checklist de aplicación.

 

Seguimiento:
→ 10 minutos semanal: revisar 2 conversaciones reales y ajustar el guion.

 

 

Ejemplo 2 — Pasar de “hacer” a “liderar proyectos”

 

Objetivo: liderar un proyecto acotado con stakeholders, cumpliendo hitos y comunicando riesgos a tiempo.
70%:
→ Liderar un piloto de 6 semanas con 3 hitos y revisión semanal.
20%:
→ Shadowing: observar a un PM senior en 2 reuniones clave y debrief después.
10%:
→ Curso corto de planificación y gestión de riesgos (solo lo necesario).

 

Seguimiento:
→ Revisión semanal de tablero: avance, bloqueos, decisiones.

 

 

Ejemplo 3 — Subir el estándar de objetivos alineados a estrategia

 

Objetivo: redactar objetivos con métricas claras y nivel de desafío consistente con el área.
70%:
→ Redactar 6 objetivos y validarlos con el líder en 48 horas.
→ Ajustar usando un checklist de calidad.
20%:
→ Revisión cruzada con un par (objetivos por pares).
10%:
→ Sesión breve de calibración de criterios.

 

Seguimiento:
→ Revisión quincenal de calidad de objetivos.

Cuando el PDI se vuelve sistema (y no carga extra)

Si estás gestionando muchos PDIs, el desafío deja de ser “qué escribir” y pasa a ser “cómo sostenerlo sin volverte loco”.

Ahí es donde una plataforma puede convertir el plan en un flujo: objetivos conectados a estrategia, feedback con estructura, planes sugeridos según brechas y alertas cuando alguien se estanca. En el material de TRAKER se describe justamente esa lógica: planes individuales con sugerencias y seguimiento continuo, más visibilidad en tiempo real.

En otras palabras: menos persecución manual, más conversación útil.

Preguntas frecuentes

¿Cada cuánto debería actualizarse un Plan de Desarrollo?

Lo mínimo razonable: revisión mensual y ajuste trimestral. Si el rol cambia, se actualiza de inmediato. El plan debe respirar con la realidad, no esperar a fin de año.

¿Qué pasa si la persona no cumple el plan?

Primero revisa diseño y contexto:
→ ¿Había recursos reales?.
→ ¿El objetivo era alcanzable o estaba inflado?.
→ ¿El plan calzaba con su estilo de aprendizaje?.
Si todo eso estaba bien, entonces conversen compromiso y prioridades. Un plan no compite con el trabajo: es parte del trabajo.

¿Cómo evito que el PDI se convierta en “lista de cursos”?

Forzando la mezcla 70-20-10:
→ Si no hay experiencias reales (70%), no hay cambio.
→ Si no hay conversaciones (20%), no hay sostén.
→ Si solo hay cursos (10%), hay teoría sin músculo.

¿Cómo hago que sea justo entre personas y equipos?

Usa una misma plantilla, exige evidencia y revisa planes en conjunto (calibración). Además, alinear el desarrollo a roles críticos y a la creación de valor ayuda a priorizar con criterio, no por simpatía. 

¿Qué debe hacer el líder en el seguimiento?

Tres cosas, siempre:
→ Quitar obstáculos (tiempo, foco, prioridades).
→ Dar feedback frecuente y específico.
→ Proteger el aprendizaje: permitir intentos, ajustes y recuperación. 

Conclusión: que el desarrollo deje de depender de la suerte

Un Plan de Desarrollo Individual no es un documento para “cumplir”. Es un contrato de crecimiento.

 

Cuando está bien diseñado:
→ La persona sabe qué cambiar y cómo practicarlo.
→ El líder acompaña con método, no con intuición.
→ La organización desarrolla capacidades que mueven resultados.

 

Si quieres dar el siguiente paso y llevar estos planes a una gestión continua, con menos trabajo manual y más señales accionables, el camino más directo es apoyarte en tecnología que conecte objetivos, feedback, brechas y seguimiento en un solo flujo. TRAKER propone ese enfoque, incluyendo planes sugeridos y alertas para evitar sorpresas al final del ciclo.

Agenda una demo y descubre cómo transformar la gestión del talento en tu organización con ayuda de la inteligencia artificial.
 

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