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Cómo gestionar a un empleado que no ve su bajo desempeño

Foto del escritor: TRAKER
TRAKER
10 sept
7 min de lectura

Actualizado: hace 7 días

Cuando alguien asegura que su desempeño es excelente mientras el equipo ve resultados apenas suficientes, la conversación se vuelve un espejo incómodo: nadie quiere romperlo, pero tampoco sirve esconderlo. La salida combina expectativas, apoyo y una prueba decisiva: comprobar si la persona acepta cambiar.



En este artículo:

El problema empieza cuando esfuerzo y resultados se confunden

Percepción, resultados, brecha y equipo

Casi todo manager termina, tarde o temprano, administrando una situación delicada: alguien considera que su desempeño es excelente, aunque los resultados sean apenas suficientes o directamente insuficientes. En tres décadas de consultoría, este aparece como uno de los problemas de desempeño más frecuentes y agotadores.


El desajuste puede tener más de una explicación. La persona quizá no ha recibido los recursos, la supervisión o el feedback claro que necesita para mejorar. También puede no reconocer sus propias dificultades: si nunca le han explicado cómo se ve un buen resultado en ese rol, es difícil que detecte dónde está la brecha.


Dejar la situación sin abordar tiene un coste doble. El trabajo probablemente no mejore y la organización pierda el aporte de alguien que podría desarrollarse con el apoyo correcto. Además, el resto del equipo puede interpretar el silencio como una aprobación del trabajo deficiente. Las personas competentes no suelen celebrar que el estándar se convierta en decoración: pueden desmotivarse y desconectarse.


La tarea inicial es entender qué está causando la falta de autoconciencia. Esa pista ayuda a decidir si hace falta más apoyo, una conversación más directa, una reducción de responsabilidades o una conclusión incómoda: quizá la persona no puede cumplir las exigencias del puesto.



Cinco movimientos para recuperar una visión realista del desempeño

Secuencia de expectativas, apoyo, inversión, ayuda y mejora

El abordaje no consiste en soltar una frase contundente y esperar que la realidad se ordene sola. Conviene avanzar con cinco movimientos relacionados:


  • Aclarar qué se espera, qué impacto tiene no alcanzarlo y qué está en juego.

  • Entregar los recursos y la supervisión que la función requiere.

  • Decidir si la organización está dispuesta a seguir invirtiendo en esa persona.

  • Comprobar si acepta ayuda y usa el apoyo ofrecido.

  • Elogiar los avances concretos y conectar cada acierto con el siguiente comportamiento necesario.


Esta secuencia evita dos errores opuestos: tratar a la persona como un caso perdido antes de ayudarla o proteger sus sentimientos hasta que nadie se atreva a decir qué está pasando.


Aclara las expectativas y el impacto

Estándar, impacto y responsabilidad

La amabilidad no reemplaza la claridad. En una organización sin fines de lucro, el ambiente era cordial y existía un compromiso cultural por entender las necesidades de los demás. Aun así, la presidenta del directorio estaba exasperada porque una vicepresidenta no entregaba resultados, aunque creía que lo estaba haciendo bien porque se esforzaba.


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La presidenta recordó al manager de la vicepresidenta —un alto ejecutivo— que su responsabilidad era asegurar resultados. Él reforzó los objetivos de desempeño, pero evitó explicar dos puntos decisivos: el daño que la falta de resultados causaba a la organización y el hecho de que el puesto estaba en riesgo. No quería culparla ni herir sus sentimientos.


Con el tiempo, perdió la confianza en ella y redujo sus funciones como una forma indirecta de reconocer que no había progreso. Más tarde, tanto la presidenta como el manager admitieron que nadie había sido suficientemente directo sobre el problema.


La lección es práctica: una expectativa no queda clara solo porque aparezca en una meta o se mencione con suavidad. La persona debe entender:


  • Qué resultado se necesita y con qué estándar.

  • Qué consecuencias concretas produce no alcanzarlo.

  • Qué debe cambiar y por qué ese cambio forma parte del desempeño satisfactorio.


Decirlo a tiempo evita que una conversación pendiente se convierta en una reestructuración silenciosa de responsabilidades.



Entrega recursos y apoyo para crecer

Función nueva con liderazgo, mentoría, supervisión y flujo

No todos los problemas de desempeño se resuelven con más voluntad. La mayoría de las personas necesita liderazgo, mentoría y supervisión firme para desarrollarse, sobre todo cuando entra en una función nueva para la empresa o asciende para cubrir una ausencia inesperada.


Cuando las habilidades naturales no alcanzan para las exigencias del cargo, la persona puede no percibir siquiera cuáles son sus déficits. Ahí el manager debe observar si faltan conocimientos, contexto, acompañamiento o práctica, y proporcionar el apoyo que corresponda.


Una empresa promovió a un director para cubrir la salida repentina de un ejecutivo dos niveles por encima. Nadie del equipo directivo evaluó sus necesidades de desarrollo, pese a que de pronto quedó a cargo de muchas personas con trabajos muy distintos. El nuevo director asumió que la promoción demostraba que lo estaba haciendo bien.


El problema era que un cargo más complejo no podía gestionarse como el anterior. Terminó agotado y convertido en un micromanager: creó cuellos de botella operativos y provocó una insatisfacción severa entre los empleados. La promoción había cambiado el tamaño del tablero, pero nadie le explicó que las reglas también habían cambiado.


Antes de concluir que alguien no tiene solución, revisa si recibió una oportunidad razonable para aprender el trabajo. El apoyo no garantiza la mejora, pero su ausencia vuelve poco defendible cualquier diagnóstico.



Decide cuánto seguir invirtiendo

Balanza entre inversión, alcance y resultados

Ayudar también implica decidir hasta dónde llega la inversión de la organización. Si el manager no está dispuesto a continuar desarrollando a la persona, resulta más práctico reducir las expectativas y ajustar el alcance de la función que seguir fingiendo que pronto llegará un cambio que nadie está sosteniendo.


Un CEO había acumulado frustración con una vicepresidenta que hablaba muy bien sobre su trabajo, pero cuyos resultados quedaban apenas por debajo de la meta año tras año. Finalmente reasignó a otro ejecutivo los aspectos más riesgosos y atractivos de su puesto. La vicepresidenta se ofendió, pero permaneció en la organización y tuvo más éxito con un ámbito de responsabilidades reducido.


Reducir el alcance no debe ser una maniobra clandestina para evitar una conversación. Tiene que ser una decisión explícita sobre lo que la persona puede cumplir, los resultados que se esperan en ese nuevo perímetro y el apoyo que recibirá. Si el ajuste solo sirve para esconder la brecha, el problema reaparecerá con otro nombre.



Comprueba si acepta ayuda

Escuchar, coaching, práctica y cambio

La voluntad de recibir ayuda es una frontera importante. Mantener la apariencia de éxito o estatus que no corresponde puede ser emocionalmente agotador. Algunas personas viven una duda persistente sobre sus capacidades; otras caen en el efecto Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo que les dificulta reconocer que su desempeño es deficiente y que necesitan apoyo.


El caso de un administrador de nivel medio ilustra el límite. En su organización le señalaron que debía mejorar sus habilidades y le ofrecieron coaching. Él rechazó la sugerencia, ignoró el acompañamiento, culpó a quienes lo cuestionaban y empezó a perjudicar a sus colegas: los hacía quedar mal, menospreciaba sus aportes y tergiversaba sus preocupaciones.


Cuando esas acciones salieron a la luz, la empresa tuvo que despedirlo. Ofrecer ayuda había sido razonable; aceptar sabotear al equipo como precio de su autopercepción no lo era.


La pregunta no es si la persona responde con entusiasmo a cada comentario. Es si escucha, prueba comportamientos distintos y permite que el apoyo se convierta en cambios observables. Sin esa disposición, incluso un buen plan de desarrollo puede quedarse en una carpeta muy ordenada y completamente inútil.



Elogia lo que funciona y conecta lo que falta

Acierto, reconocimiento, siguiente paso y estándar

Una percepción inflada del desempeño no vuelve irrelevante un buen trabajo. Cuando la persona entrega algo de alta calidad o maneja bien una interacción, hay que reconocerlo. El cuidado está en no dejar el elogio aislado, porque podría reforzar la idea de que todo lo que hace es sobresaliente.


Conecta el acierto con el siguiente comportamiento que debe mejorar. Una frase posible sería: «La presentación de ABC salió muy bien. Para la próxima, quiero que además [incorpore el comportamiento que falta]. Es importante porque…».


Ese puente debe nombrar con claridad tanto la nueva conducta como la razón por la que forma parte de un desempeño satisfactorio. La persona quizá siga evaluándose por encima de la realidad, pero tendrá una referencia más concreta sobre lo que debe repetir y lo que todavía necesita aprender.


El objetivo no es repartir elogios como confeti ni convertir cada comentario positivo en una corrección camuflada. Es reconocer lo que funciona y usarlo como punto de apoyo para instalar las conductas decisivas.



Preguntas frecuentes

Núcleo de decisión rodeado por esfuerzo, alcance, coaching y elogio

¿El esfuerzo debería compensar los resultados insuficientes?

El esfuerzo es información útil, pero no sustituye los resultados exigidos por el puesto. La conversación debe reconocer la intención y explicar qué entregables, estándares y consecuencias definen un desempeño satisfactorio.


¿Cuándo conviene reducir las responsabilidades?

Cuando la organización ya ha decidido cuánto está dispuesta a invertir y el alcance reducido permite que la persona sea más exitosa. Debe comunicarse de forma explícita, con expectativas y apoyos claros; no como una reducción silenciosa para evitar el conflicto.


¿Qué hago si la persona rechaza el coaching?

Comprueba si el rechazo es una reacción inicial o una negativa sostenida a escuchar y cambiar conductas. Si ignora repetidamente la ayuda, culpa a quienes le dan feedback o perjudica al equipo, el manager debe considerar si puede satisfacer los requisitos del puesto.


¿Cómo elogio sin reforzar una autopercepción exagerada?

Reconoce el trabajo concreto que salió bien y enlázalo con una mejora específica: qué comportamiento debe incorporar, cuál es el estándar y por qué importa. Así el elogio describe un avance real, no convierte cada desempeño en una medalla general.


Ayudar a una persona que no ve su bajo desempeño exige atención sostenida y participación del manager. Entender la causa de esa falta de conciencia permite elegir entre apoyo, ajuste de responsabilidades o una decisión más definitiva. La claridad no es crueldad: es la información que hace posible mejorar, siempre que también exista disposición para usarla.

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